Pablo Zeballos vivió en carne propia la confirmación de una vieja máxima en el fútbol: “Las segundas partes nunca son buenas”.
Llegó a Olimpia con el recuerdo del gran goleador, con el cariño de su público, el que festejaba hasta las declaraciones del 9 contra su ex club, el otro grande del país.
Pero pasaron los partidos, el olfato goleador no aparecía, y el idilio fue desapareciendo lentamente.
Llegaron las primeras recriminaciones de la famosa preferencia olimpista, silbidos, y también aparecieron los primeros gestos de desagrado del jugador hacia su propia hinchada.
Así, lentamente, “PZ” empezaba a despedirse de Olimpia hasta que llegaron los últimos partidos del torneo clausura.
El decano perdió puntos que apeligraron la obtención del título y el otrora ídolo se convirtió en uno de los preferidos del público a la hora de las recriminaciones.
Algunas desacertadas declaraciones terminaron por concretar la salida del jugador.
El problema ya no solo era futbolístico sino que también pasó a estar “marcado” por ciertos dirigentes, especialmente por Pedro Ballota, a quien Zeballos dedicó, no muy gentilmente, el título obtenido.
El Presidente franjeado ya confirmó ante los medios de prensa que PZ no seguirá, pero alegó que se debe a que Nacional de Medellín, entidad dueña de parte del pase del jugador, lo requiere para la siguiente temporada.
Nadie creyó que esos sean los verdaderos motivos.
(Foto: Telemedellin.tv)

