Del furor que causó la victoria de la selección paraguaya sobre su par chileno por dos goles contra cero, la semana pasada, hemos pasado rápidamente, y sin escalas, a la desazón propia de una goleada en condición de visitante.
Uruguay, a media máquina, puso las cosas en su lugar y recordó las serias falencias del equipo albirrojo, al que derrotó categóricamente por cuatro goles contra cero.
Para suerte de los dirigidos por Francisco “Chiqui” Arce, los uruguayos levantaron el pie del acelerador muy temprano; caso contrario, estaríamos hablando de una goleada histórica en el mítico Estadio Centenario de Montevideo.
La defensa paraguaya hizo aguas, acorde al clima lluvioso y frío que se vivió en tierras charrúas, a lo que se sumó el portero Diego Barreto que pudo hacer mucho más en un par de goles.
No hubo contención en el mediocampo a raíz del pésimo partido de los volantes de marca Néstor Ortigoza y Cristian Riveros; Víctor Ayala no entró en juego y, para colmo, su única arma tampoco estuvo con luces prendidas (los remates y centros).
Del medio para adelante poco se puede señalar. Algunos intentos de Óscar Romero que lejos estuvieron de generar peligro y los nulos aportes de su hermano Ángel y del “Motochorro” Lezcano, quien fue el primero en ser cambiado.
Francisco Arce realizó variantes pero la historia estaba absolutamente definida. Los ingresos de Almirón y Santander no acercaron la posibilidad de decorar el marcador.
A Uruguay le bastó medio partido para mostrar cómo se juega en la alta competencia, mientras que la selección paraguaya dejó claro que, hoy en día, está cuatro pasos atrás.
Post data: La famosa garra guaraní de la que tanto habló Arce, tampoco apareció.
(Foto: El comercio)

